No hemos de esperar a último momento para realizar nuestra espada más romántica de San Valentín. Dale un regalo a tu pareja, un capricho hacia un país único y especialmente romántico. Italia es divida, nos fascina y nos hace volar la imaginación: sólo para enamorados.

Nuestro viaje a Italia empieza por la capital, Roma, un legado de historia que permite descubrir los monumentos más emblemáticos de nuestros antepasados. El Coliseo conserva una gran estructura (aunque ha estado reformado varias veces) impresiona desde fuera y también desde dentro.

Pero en Roma, las calles y las plazas hacen eco de un romanticismo son igual, pues tanto la Plaza de España con sus largas escalinatas o la Plaza de San Pedro se llenan de turistas durante todas las épocas del año. Es buen momento para llegar a la Fontana di Trevi y tirar una moneda en el agua mientras nos damos un beso y pedimos un deseo. Dicen que el deseo se cumple y se vuelve a la ciudad con la misma persona.

De Roma llegamos directamente a Florencia, una ciudad llena de museos y obras de arte, y con un encanto totalmente especial. Un lugar romántico de la urbe es subir a la montaña donde está la Basílica de San Miniato al Monte, desde donde ver vistas espectaculares.

Muy cerca, está Siena, reconocida también por sus edificios, como su catedral, muy vistosa y llena de mármoles de colores. Su plaza central os encantará es única y realmente grande. En esta ciudad podemos hacer parada en una romántica trattoria para degustar la mejor pasta, tanto de carne como de pescado con el mejor vino de la región Toscana.

Venecia es la ciudad del amor. Entre sus canales podemos prometernos amor eterno y dar una vuelta con las góndolas. La Plaza de San Marcos esconde cafeterías y pastelerías deliciosas; por ello es momento de hacer parada y tomar un rico helado o un capuccino caliente.

Milán es un placer para los sentidos, protagonizada por el Duomo y parques y jardines donde perderse. Toma el aperitivo y las bebidas más típicas de la ciudad, como el spritz, de color rosado y que suele beberse antes de comer o de cenar. Boloña, por su parte, sorprende por sus calles porticadas, las torres altas junto a la iglesia central, a la que podemos subir a pie y llegar a lo alto.