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Viena se convierte todas las navidades en una ciudad con marcha y mucha magia, sobre todo el día 31 de diciembre, nochevieja. Ese día, los vieneses despiden el año a bombo y platillo con una fiesta impresionante a la intemperie en el casco histórico de la ciudad. A este evento navideño, que es como una sala de fiestas gigantesca, suelen acudir todos los años unos setecientos mil visitantes que disfrutan de comida internacional en más de setenta kioscos preparados para ello y se deleitan con su famoso licor sueco, el “punsch”.
La fiesta de nochevieja comienza en la Plaza del Ayuntamiento y poco a poco se va extendiendo por las estrechas calles de la zona del centro. En cuanto a música, podemos encontrar actuaciones de todos los estilos en sus grandes escenarios. Desde música disco a música tradicional.
Pero si nos agrada asistir a espectáculos más relajados, podemos optar por escuchar el concierto de Fin de Año de la Orquesta Filarmónica de Viena, que se celebra en la sala dorada de Musikverein. A las órdenes del director de orquesta George Préte, suelen interpretar polkas y valses de la tierra. Una gozada para los amantes de la música.
La magia de Viena no se queda aquí, porque esta ciudad tiene mucho que ver. Por ejemplo, no podemos volver sin realizar una visita a la Viena Imperial, al Palacio Pascualati (residencia de Beethoven), a la casa de Mozart y también a la casa de Schubert. Y si nos queda algo de tiempo, no nos vendría mal realizar una excursión al Castillo de Mayerling en Baden.
De lo que estoy seguro es que puede ser un viaje inolvidable y muy especial.