La provincia de Ourense ofrece innumerables atractivos para el visitante, explicando de la mejor manera posible el alma del pueblo gallego, tan acostumbrado desde tiempo inmemorial a salir de su tierra a la búsqueda de oportunidades en el exterior, pero siempre arraigado a su origen, siempre dispuestos a regresar y, cómo no puede ser de otra manera, siempre tan acogedores y hospitalarios con los visitantes de otros lugares, conscientes de lo importante que resulta disfrutar de la simpatía local cuando nos encontramos fuera de casa.

La capital, ubicada entre montañas de exuberante vegetación y dominada por la presencia del río Miño, se puede visitar en un día, dejándonos tiempo para descubrir los alrededores en una visita breve, aunque siempre es mejor disfrutar de la zona con calma, dejándonos llevar por nuestra intuición y los consejos de los lugareños, siempre dispuestos a mostrar los atractivos de la región. No puede faltar un recorrido por los principales puntos de interés de la ciudad, como las Burgas, la Praza Maior, la iglesia de Santa María Nai, el Museo Arqueológico, la Catedral y su impresionante Pórtico del Paraíso, la Alameda o la iglesia de Santa Eufemia.

Entre monumento y monumento, podremos probar alguna de las muchas especialidades gastronómicas ya famosas en el mundo entero, regadas por los magníficos vinos de Ribeiro, y disfrutar de una arquitectura que nos servirá también como recorrido por la historia, desde los primeros pobladores hasta la edad media y las más modernas muestras de ingeniería, como el Puente del Milenio, convertido ya en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad.

Cerca de la ciudad, nos relajaremos en las instalaciones termales de Chavasqueira, Tinteiro, Burga do Muíño o Outariz, quizás ya pensando en realizar una ruta por la Ribeira Sacra, tan llena de leyendas y mitos, de historia y de trazas del paso de culturas milenarias en un entorno natural de excepcional belleza. Por qué no también visitar alguno de sus antiguos monasterios, sus bodegas, sus parajes naturales protegidos o hacer un recorrido por sus vías romanas, aprovechando la ocasión para detenerse en alguna aldea y, simplemente, gozar de una calma y un paisaje irrepetibles.

Foto: Tadhik