Durante los meses de invierno, la mayor parte de la actividad turística de los Pirineos se centra en actividades relacionadas con los deportes de nieve, algo que en los últimos años se ha explotado y promocionado de forma intensiva, pero que en ocasiones, y según cómo sea la actitud de los visitantes en relación con el entorno natural, les aleja de los demás atractivos que posee esta cadena montañosa.

Vale la pena fijarse también en el interés que presentan los Pirineos -dada la abundancia de especies endémicas- en cuanto a flora y fauna. Si somos amantes de la naturaleza ya conoceremos las excelentes posibilidades que ofrece cualquier rincón de estos montes en lo que a observación de naturaleza y paisaje se refiere. Si no seamos grandes conocedores, ¿por qué no lanzarnos a la aventura de la naturaleza un fin de semana? La mayor parte de las localidades ofrece la posibilidad de alojarnos en casas rurales y acogedores hoteles de montaña durante unos días a precios bastante asequibles, siempre que la proximidad de una estación de esquí en plena temporada no limite su disponibilidad.

Basta con evitar las épocas más fuertes, como puentes, Navidad y Semana Santa para pasar unos días en plena naturaleza a corta distancia de las principales capitales. Si nos hacemos con una guía de flora y fauna especializada en los Pirineos, podremos conocer con bastante exactitud qué especies son más fáciles de avistar según la época del año. En cuanto a flora, encontraremos más de 4.500 especies, de las que 160 son endémicas, es decir, no se encuentran en ningún otro lugar, como la aquilegia de los pirineos, la coronilla de rey y otras muchas. Incluso podemos encontrar flores tan raras y preciosas como el Edelweiss, sobre todo en Aragón.

Los bosques de pino negro y hayedos esconden multitud de especies animales, así como los prados de alta montaña, hasta el límite que marcan las cumbres más altas, en las que, aunque pueda parecer increíble, subsisten aún muchas especies.
Aunque el oso pardo ha recuperado en los últimos años su presencia, es muy raro avistarlo, aunque sí es posible dar con alguno de sus característicos rastros. Aves como el quebrantahuesos han encontrado aquí su último refugio en Europa y es admirar su vuelo en algunos lugares, al igual que el águila real y otras rapaces y carroñeros como el buitre leonado, el buitre negro o el alimoche, así como el urogallo en los bosques y la perdiz blanca o lagópodo alpino en alta montaña.

Los rebecos, ciervos y corzos son menos esquivos, a poca paciencia que tengamos, ya que cuentan con poblaciones bastante numerosas, al igual que el jabalí. También podemos ver marmotas, armiños, ardillas y erizos, así hasta 42 especies, entre los cuales destaca el desmán de los Pirineos, muy escaso y difícil de ver. Abundan los reptiles y anfibios, algunos muy vistosos, como la salamandra y otros que conviene evitar, como la víbora aspid.

Foto: fdecomite