Rica, sabrosa y muy variada, pocas gastronomías engloban tantos productos como la portuguesa, donde se mezclan ingredientes de alta calidad gracias a su mar, la montaña y un paisaje de tierras fértiles que da lugar a ricos manjares.

Su cocina es una de las más aprecidas del mundo y un ejemplo claro de ello se ha dado este fin de semana, en la semana de Portugal, celebrada en Barcelona. No sólo la gastronomía del país ha sido protagonista sino también el arte, la tradición y la cultura en diferentes manifestaciones por la ciudad.

Los mariscos son realmente exquisitos, donde las gambas y los pescados saben a mar y están de vicio. Otro plato que no puede faltar son las sardinas asadas, de excelente calidad y mejor gusto. Y, ante todo, el bacalao, realizado de mil maneras, es muy sabroso. Los platos son contundentes, muy generosos y realmente baratos por todo lo que podemos comer.

No son menos importantes las parrilladas de carne, o las de pescado acompañas de salsas. En primeros platos, las ensaladas, muy al estilo mediterráno, son frescas y ligeras, igual que la pasta, las hortalizas y otras verduras. Los quesos portugueses engloban un amplio surtido, entre los cremosos y los más curados.

En algunas ciuades es típico comer panes artesanales rellenos de chorizo, salami y todo tipo de embutidos, pero no separado del pan, sino realizado todo a la vez. El sabor del pan es como de una torta algo más dulce. Los podemos encontrar en multitud de pastelerías y cafés.

Igual que los dulces, que ofrecen un amplio surtido a cual más tentador. De hojaldre, de crema, con almendras… hay pastelitos para los más variados gustos. Algunos de los más populares son los pasteles de Belém, un importante barrio de Lisboa. Son pequeñas tartaletas de crema realmente exquisitas y que suelen comprar los ciudadanos a peso los días festivos.

Los vinos nos son menos importantes. El vino verde es toda una peculiaridad, y su máxima denominación de origen es la de Oporto, que ofrece ricos vinos exportados a medio mundo. Los vinos verdes son en realidad blancos, pero de un porte y una sabor algo más consistentes. También es de resaltar los tintos.