islasbaleares.jpg

Son unas de las islas más importantes del globo. Y las tenemos tan cerca. Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera componen las cuatro islas baleares, cuatro lugares de envidia que siempre atraen por la multitud de lugares que ofrecen.

Mallorca es la que concentra a mayor número de personas, tanto en invierno como en verano. Pero, sobre todo, en épocas estivales sus playas son bañadas por gente de todo el mundo y a veces, incluso, es difícil encontrar alojamiento en tales fechas. Menorca, por su parte, es la más tranquila. Ha sabido conservar la calma en todos su rincones. Y es de agradecer porque esconde calas en las que nadie te encontrará.

Ibiza ha sido, desde siempre, lugar de moda. Peregrinaje de hippyes en los 60 y 70, e isla de culto en los últimos años por famosos y gente cool que no se pierden las fiestas de la noche ibicenca. Casas bellas y blancas, playas para perderte y miles de propuestas para no aburrirte. Formentera ha repuntado en pocos años. Aunque es una isla bastante pequeña, cada año gana adeptos y la superpoblación (en meses calurosos) es la tónica dominante. Aconsejamos acercarnos en primavera, pues es un remanso de paz y relax para el cuerpo y mente.

De Mallorca destacan algunos edificios emblemáticos, como la Seu, la catedral de Palma de Mallorca, una majestuosa que no pasa desapercibida al visitante y es sin duda una de las imágenes características de la ciudad de Palma. Es edificio gótico del s. XIV al que se le devolvió su reflejo sobre las aguas con la construcción del Parc de la Mar. Por los alrededores de la catedral, hay estrechas callejuelas con tiendas de artesanía y restaurantes peculiares.

En la isla de Menorca, además de su catedral, ubicada en la población de Ciutadella, visitaremos Mahón. Un pequeño pueblo de amplios paisajes, que es famoso por su queso. Éste, de que ya hablaban los árabes, cuenta con denominación de origen y está protegido por un consejo regulador. Su forma es cuadrada y se presenta con distintos tipos de curación.

Nos detemos en admirar la rica estructura aquitectónica ibicenca. La mayoría de las casas típicas ibicencas presentan los mismos volúmenes cúbicos, el porxet (soportal rústico que ofrece buena sombra en verano), una chimenea corta y triangular, un horno, pozo… Todo encalado con un blanco luminoso y con un huerto, llamado es tancó, donde cultivan verduras, plantas aromáticas, palmeras. El paisaje causa verdadera expectación. Aconsejamos alojarse en alguna de estas casas típicas y desde ahí hacer recorridos por la isla.

Hay quien visita Formentera de punta a punta en bici. Es una fórmula, pero también hay otras. Al ser de reducidas dimensiones, permite los paseos por la playa y por lugares de interés turísticos en un sólo día. Los faros están en su paisaje, como el de la Mola (que se puede visitar), siendo el de mayor importancia y antigüedad.