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La cercanía de Portugal hace que sea mucho más fácil llegar y adentrarnos en su cultura. Es un país completo de norte a sur, bañado por el mar, pero también por frondosos bosques en su parte central, con algunos parques nacionales protegidos. Desde Lisboa, a Oporto, pasando por sus bellas islas, como Madeira.

Y en la capital hacemos la primera parada, donde vivir la cultura urbana a tope. Es una ciudad erradicada junto al mar, con el que comparte historia y largos paseos. Daremos una vuelta por los principales barrios a los que podemos llegar cogiendo el característico tranvía que nos lleva a cualquier lugar.

Resaltamos Alfama, uno de los barrios más antiguos, en el que se mezclan diversidad de culturas, como la arquitectura árabe y edificios imponentes, como la Catedral. Hemos de visitar la zona de Bairro Alto, donde pasarlo muy bien con la cantidad de bares, restaurantes y tiendas vanguardistas. El mejor para ir de marcha. Por su parte, en Bica, se encuentra el funicular que data del año 1892, y sube entre callejuelas estrechas; una gran aventura.

De una ciudad nos vamos a otra. La segunda parada toca en Oporto, en la que es de obligada visita su centro histórico es, fechado en 1996 como Patrimonio de la Humanidad. En Oporto destacan los largos paseos en barca por su puerto (de ahí su nombre), así como las casas típicas, bellas y de reducido tamaño, y sus monumentos de granito. Visitar el Parque de Serralves es otra opción. Aquí haremos cultura, pues nos topamos un edificio que acoge el Museo de Arte Contemporáneo, junto al ambiente bucólico y el paisaje natural de este lugar.

Nuestra tercera parada es la isla de Madeira. Con un intenso azul en sus mares y casas blancas, es un lugar para perderse y desconectar del mundo. Madeira es un destino de exquisitez y sofisticación en una naturaleza de vegetación lmuy variada. No nos perderemos el bosque de Laurisilva, en el parque Natural de Madeira, el más grande de hoja perenne del mundo, clasificado como Patrimonio Mundial.

Sus paisajes permiten instalar hoteles y centros de talasoterapia de alta calidad, así como importantes campos de golf. No en vano, da lugar a la práctica de toda clase de deportes de aventura, ya sea por mar o en el interior. Por otra parte, recomendamos comer o cenar junto al puerto y saborear la buena cocina portuguesa, a precios realmente bajos.