Si no somos aficionados a los deportes de invierno, en cuyo caso nos queda ya pocas semanas para disfrutar de la nieve del Pirineo, esta empieza a ser una época magnífica para visitar el Valle de Arán. Con la llegada de la primavera, las temperaturas diurnas en la región abarcada por esta comarca de montaña resultan ya agradables para recorrer sus muchos atractivos culturales, históricos y artísticos sin preocuparnos por pasar frío.
De hecho, si esperamos al verano, quizás encontraremos que el calor durante las horas centrales del día, unido a la natural orografía del terreno aranés, nos resulta un poco pesado para realizar según qué recorridos, ya que los puntos de interés en el valle están repartidos por toda su extensión, incluso en los pueblos más pequeños e inaccesibles. Si en algo destaca el Valle de Arán, aparte del magnífico entorno natural, es en su patrimonio cultural, que incluye numerosas iglesias románicas, museos, edificios civiles medievales e incluso fantásticas muestras de arquitectura perteneciente a la primera etapa industrial de la zona.
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