Ya queda menos para disfrutar del puente de todos los santos de 1 de noviembre. De las castañas, de los atardeceres más rápidos y las cenas con glamour.

Para una escapada rápida, Lisboa es la ciudad perfecta. Ofrece historia y rincones mágicos donde perdernos, especialmente si vamos en pareja, pues es una ciudad muy romántica, cargada de melancolía y música.

Son especiales los barrios de Alta y Baixa, con muchas subidas y bajadas, algo incómodo de recorrer a pie pero es lo que le da ese aire tan especial. Para ello, la ciudad está provista de tranvías antiguos que nos llevarán de un barrio a otro con toda facilidad. Suelen ser históricos, sobre el número 28, de color amarillo y además son conducidos a bastante velocidad.

Otra forma de subir y bajar de un barrio a otro es a través del famoso ascensor de Santa Justa. Está ubicado en pleno centro histórico y comercial, y si llegamos a lo alto nos dejará vista fantástica de toda la ciudad. El fin de semana transcurre y no podemos perder más tiempo. Vale la pena descubrir el barrio de la Alfama, algo más separado y protagonizado por casas y callejuelas.

Por la noche el arte se hace notas con algunas salas con conciertos en directo, sobre todo de fados, el canto de Portugal que es interpretado por cantantes populares. Son canciones desgarradoras que nos harán pasar un rato diferente. Normalmente, las entradas suelen incluir alguna copa y en otros locales se puede hasta cenar rica cocina portuguesa, pero con precio algo más elevados.

Tradicionalmente, en cualquiera de los barrios de la ciudad la cocina es muy asequible y abundante. En Baixa son populares las terrazas al aire libre en sus paseos centrales. Allí podemos deleitarnos con las diversas clases de bacalaos (realmente exquisitos), sardinas a la brasa, pescados, pollo asado y quesos típicos. Tampoco podemos olvidarnos de sus vinos verdes, con la denominación de Oporto como estandarte.

Tanto de día como de noche, Lisboa es especial y te transporta a un mundo de pasiones, historia y larga tradición que no va a olvidar. Si vas a ver el río Tajo en alguno de sus barrios, no olvides la chaqueta.