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Tras nuestro artículo recomendando algunos destinos europeos, os damos una segunda entrega, para que puedas elegir mejor aquellos lugares de interés y el precio de la escapada de fin de semana te salga redondo. ¡Disfruta del viaje!

Venecia. Es perfecta para visitar durante octubre y noviembre porque no hace frío ni tampoco el calor agobiante de julio y agosto. Además, con un poco de suerte en esta época habrá muchos menos turistas. Déjate acariciar por sus encantos y date una vuelta en una góndola. A veces, los gondoleros se ponen pesados y pedirán precios desorbitados, por ello recomendamos pactar el precio antes de subirte y regatear. A ver si hay suerte. Cenar en una estupenda terraza en alguna de las plazas más emblemáticas es otra de las cosas que hacer. Antipastis, crostinis, finas pizzas y pastas con pescado te encandilarán.

Lyon. Es una de las ciudades francesas con más legado histórico. De ella se dice que es la única ciudad de Francia que posee un yacimiento arqueológico permanente. Visita la Basílica de Fourvière, el barrio antiguo Vieux-Lyon, la Abadía Saint-Martin d’Ainay, la iglesia Saint-Nizier, o el Museo de Bellas Artes. No está más para empezar, ¿verdad?

Ragusa (Sicilia). La isla de Sicilia es inmensa. Grande en historia, en ciudades, en rincones, en playas y monumentos históricos que han marcado muchas épocas. En Ragusa hay una diversidad de monumentos resurgidos posteriormente del terremoto que vivió la ciudad en 1693. Recomendamos entrar en la iglesia de Santa Maria delle Scale, la iglesia de San Domenico, la de de San Giorgio Vecchio… Sus parques y jardines también te van a sorprender. Por descontado es realmente imprescindible saborear la cocina siciliana a base de ensaladas y postres típicos.

Berlín. No hay una ciudad con más historia reciente. En algunos edificios todavía quedan reminiscencias de la II Guerra Mundial, un pasado que toda la población quiere olvidar. Por ello, la capital alemana es una de las más modernas que hay, con gran cantidad de galerías de arte y tiendas de moda vintage. Es de ahí de donde viene mucha de la moda y las tendencias que recorren medio mundo. Lo verás con tan sólo ver la diversidad de colorido de sus habitantes por las calles. Come algo por Alexander Platz, el centro neurálgico donde hacer de todo: cenar, comprar, visitar museos, llegar al muro de Berlín…

Dublín. Las tierras irlandesas atrapan a cualquiera. Y es que el paisaje verde y sus acantilados son la mejor forma de desconectar todo un fin de semana. En Dublín pasearemos por O’Connell Street, una de sus ejes centrales y más modernos, llenos de esculturas, tiendas de moda y restaurantes de cocina rápida. Por otra parte, recomendamos dar una vuelta por Temple Bar, repleto de tabernas con mucha historia. El fin de semana perfecto.

Foto: SXC