Berga es una pequeña y acogedora ciudad, de poco más de 16.000 habitantes, situada al pie de la Sierra de Queralt, en pleno Prepirineo catalán. Por su situación estratégica, a poco más de una hora por carretera de Barcelona, goza de una larga tradición como punto de partida para el excursionismo pirenaico, pero si tenemos la oportunidad de pasar unos días en ella, descubriremos que tiene mucho más que ofrecer: cultura, tradición, patrimonio y naturaleza son, por ello, sus activos más preciados.

La fiesta de la Patum, que se celebra durante la semana del Corpus, es su tradición más conocida y tiene sus raíces en las antiguas representaciones teatrales de la Edad Media. Es todo un acontecimiento que multiplica cada año la población de la ciudad y al que acude gente de todo el mundo, a cuyos oídos ha llegado la alegría y bullicio que se vive durante esos días. De hecho, la fiesta fue declarada en 2005 Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Berga destaca además por su patrimonio cultural, cuyo punto de partida puede ser, por ejemplo, su Centro de Interpretación de la Ciudad, donde podemos empezar a conocer su historia e informarnos de los múltiples recorridos y visitas que se pueden realizar en la población o sus alrededores. Entre éstos, destacan los de el Santuario de Queralt, Sant Quirze de Pedret, el Barrio Antiguo de Berga, rutas guíadas por la Berga de los Molinos o la Berga Carlista, el Museo del Circo, el Centro de Interpretación de la Naturaleza del Berguedà o la Casa de la Patum.

Entre visita y visita, lo mejor que podemos hacer es, sin duda, descubrir la sabrosa gastronomía de la comarca, una cocina de sabores contundentes y con toda la larga tradición de la Cataluña interior, destacando productos como las carnes de vacuno, aves y caza, los embutidos y quesos, las patatas autóctonas, los curiosos guisantes negros o el maíz “escairat”.