¿Cuántas veces te has parado a pensar en los lugares que no conoces de tu propia ciudad? En ocasiones no reparamos en los atractivos que ofrece la ciudad o pueblo donde vivimos y nos sentimos impulsados a “escapar” de la rutina visitando lugares más o menos remotos, destinos de los que nos han hablado bien o, simplemente, lanzándonos a la aventura de descubrir ciudades poco frecuentes o de difícil acceso. Pues bien, en estos tiempos de crisis, que no nos permiten hacer excesivos gastos en viajes, una buena manera de desconectar del estrés de la vida diaria puede estar tan cerca como cruzar la ciudad y olvidarse de los prejuicios, redescubriendo nuestro habitual escenario vital.

Una manera de hacerlo puede ser, por ejemplo, aprovechando alguna oferta hotelera de última hora, aunque sea sólo por una o dos noches. Hay cientos de páginas web en las que podemos encontrar descuentos o packs de cena + hotel. De esta manera, empezaremos a sentirnos turistas en nuestra propia casa y nos podremos sumergir en la búsqueda de atracciones en las que no reparamos cuando estamos inmersos en nuestra actividad habitual: de casa al trabajo, del trabajo a casa y vuelta a empezar.

Sobre todo si vivimos en grandes ciudades, a poco que nos esforcemos encontraremos lugares de interés que quizás nunca nos hayamos planteado visitar, como museos, centros culturales, parques urbanos o nuevos barrios que jamás hemos pisado. Por ejemplo, si nos gusta la arquitectura, seguramente encontraremos alguna zona de la ciudad por la que no hemos pasado en mucho tiempo. Lancémonos pues, cámara en ristre, como un turista más, a la caza de esa imagen especial que podamos compartir con amigos y familiares. Quizás nos pregunten “¿Dónde es eso?” y podamos sorprenderles con nuestra respuesta.

Otra estupenda manera de conocer cosas nuevas de nuestra ciudad o pueblo puede ser hacerlo aprovechando alguna ocasión en que tengamos visita. En vez de simplemente ofrecer nuestra casa, podemos acompañar a nuestros invitados a realizar un recorrido turístico, llevándolos a esos lugares (ese restaurante tan bueno, bonito y barato, ese tranquilo parque, ese fantástico mirador) que sólo nosotros conocemos y no aparecen en las guías. Una excelente manera de enseñar nuestro lugar de residencia de forma alternativa y, de paso, disfrutar del tiempo libre sin gastar demasiado.

Foto: Feliciano Guimarães