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Esta feria del Capón que se celebra en Vilalba, en la provincia de Lugo, cada 21 de diciembre en la Plaza de la Constitución, representa un acontecimiento social y económico, ya que tiene un alcance nacional y una raigambre de casi doscientos años de antigüedad.
Evidentemente, el principal protagonista de la feria es el capón, que es un pollo que se va cebando poco a poco durante un largo período de tiempo y que en navidad suele ser el plato central de la mesa. Pero no solo en Vilalba se da este singular y apetitoso producto, ya que también cuentan con el excelente queso de San Simón, las tardas de almendras y sus exquisitas hortalizas, a lo que debemos añadir la artesanía local que se centra en la fabricación de zuecos y cestos.
Para el capón de Vilalba es fundamental la alimentación y su secreto está en la calidad de ésta, ya que se alimentan de una pasta que se prepara con agua hervida, maiz y patata cocida, dándole de comer dos veces al día de forma manual. Así, transcurrido un tiempo los capones alcanzan un peso que puede llegar a los seis kilos. Ya desde el mes de abril la gente del pueblo va seleccionando los pollos marelos, nacidos de huevos autóctonos. Cuando llega noviembre, los pollos se encierran en una jaula pequeña, a las que llaman capoeiras, intentando que el pollo esté lo más oscuro posible y con una buena temperatura. Y ya solo queda esperar a que se cebe poco a poco.
Los capones de Vilalba están muy solicitados en toda España. Por ello, acuden a la feria unas diez mil personas, en su mayoría madrileños, que hacen el viaje a Vilalba para comprar capones y disfrutar de su fiesta. También se exportan ejemplares a Alemania, Francia e Inglaterra, donde son muy preciados por su crianza tan particular y su excelente carne.
Si estamos de viaje de fin de semana por Galicia durante el mes de diciembre, si somos amantes de la buena mesa y nos interesa ampliar nuestros conocimientos gastronómicos, es muy aconsejable que nos dejemos caer por Vilalba y participemos de esta singular fiesta, que exalta a la perfección el gusto por la cocina natural y tradicional, la de toda la vida, y como diría alguien “sin conservantes ni colorantes”.