Tras visitar la Cataluña de interior, toca conocer más sobre sus playas. La zona del Maresme la conforman pueblos de playa de la costa mediterránea. San Pol de Mar, Arenys de Mar, Canet, Premià, Vilassar… todos ellos presentan un mismo paisaje dividido en dos zonas (de arriba y la de abajo) y en la mayoría pasa el tren que se sitúa junto al mar. Ello facilita su llegada, ya que sólo bajar del tren, uno puede ir directamente a la playa cómodamente.

En estos pueblos (muy cercanos a la capital Barcelona) hay paseos marítimos muy vistosos donde pasear junto al mar y tienen sus clubs náuticos con yates y barcos arramados. La gran mayoría pueden alquilarse para poder navegar y dar una vuelta que nos puede llevar de un pueblo a otro.

Además, presentan edificios hermosos, de diferentes épocas y arquitectura modernista, grandes casas y palacetes con todo tipo de detalles ornamentales que evocan una oda de la naturaleza con un gran colorido, tan característico de este arte que hizo popular Gaudí.

Del mar nos vamos nuevamente a las montañas. En la provincia de Barcelona, Montserrat se erige como un gran santuario, centrado en la oración común de los monjes, abierta a todos, y también en el servicio de acogida por parte de la comunidad en bien de las personas que suben a la montaña. Es peregrinación de muchos fieles y no fieles que suben a ella para conocer su arquitectura, su naturaleza y su historia. Lo más importante es que se halla la Virgen de Montserrat (la Moreneta), la morena, conocida por este nombre por su color de cara negro.

Pero también es un lugar donde descubrir la escolanía (un grupo de niños cantores al servicio del santuario, siendo una escuelas de música más antiguas de Europa). También hay una gran tienda para comprar recuerdos y productos gastronómicos típicos, como la miel, el mató (o queso fresco) y otras delicias.

La ciudad de Barcelona, la zona de Tarragona y Lleida merecen un artículo especial mucho más extenso por la cantidad de tesoros que esconden.