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¿Sabes que a tan sólo una hora existe un país con una cultura que te atrapará? Evidentemente hablamos de Marruecos, una región querida por el sol, pero también por las montañas y sus playas, elegidas por los surfitas en cualquier época del año.

La cultura árabe tiene máximas representaciones en sus monumentos más históricos. En sus mezquitas (a las que no pueden entrar si no eres musulmán), los minaretes, los palacios con mosaicos y edificios impregnados por mármol, lámparas, maderas y finas arquitecturas sólo aptas para los amantes del arte.

Marruecos es bastante occidental, pues asisten millones de turistas al año. Pero hay zonas de auténtico desierto donde sólo toparte con autóctonos siempre bastante amables que te ofrecerán tu casa. Es otra manera de vivir el país, recorriendo la aventura y durmiendo en pleno desierto, y por qué no con las playas al lado.

Si deseas algo más de comodidad, sin dejar el encanto de la cultura mozárabe, tu destino es Casablanca. Como la mayor parte de ciudades de la zona, cuenta con su medina o barrio más antiguo siempre envuelto de rojas murallas con puertas significativas que anteriormente servían de defensa.

Esta parte es auténtica y convergen los turistas con los nativos y barrios antiguos llenos de callejuelas y casa típicas marroquíes. Es interesante visitar los museos del lugar y dar una vuelta por la plaza Mohamed V, en el centro donde tomar un café o té en las terrazas y bares que hay a disposición.

No podemos irnos de Marruecos sin pisar Marrakech. Su bonita plaza El Fna es patrimonio Oral de la Humanidad y todo un símbolo de este pueblo en el que se suceden actividades durante todo el día. El sol aprieta y en la plaza aparecen chicas con sus tintas de henna, puestos de zumos de naranja y frutos secos, y hasta vendedores de todo tipo de especias. Cuando el sol cae es momento de los espectáculos. Músicos bereberes entonan sus danzas, magos, cuentacuentos, malabaristas, encantadores de serpientes… hay de todo.

Lo mejor son los puestos de comida, como pequeños resturantes al aire libre, donde pedir aquello que prefieras, cocina al momento. El bullicio de gente es tal que puede llegar a agobiar un poco, pero es un fantástico escaparate de luz, color, gentes, nacionalidades, aromas y gente amable que ver al menos una vez. Te aseguro que repetirás y al día siguiente repetirás.